A Mamoru Kyotei Hoshi (Ciudad del tratado honorable) llegaron un samurái ronin que acompañaba a un mensajero cubierto de barro y malherido, una herida de lanza podía apreciarse en una de sus piernas, cubierta de sangre reseca, caminaba cojeando y apenas podía hablar por el agotamiento, el samurái fue el primero que habló.
—Buscamos a Agasha Sen, hay un mensaje importante aquí para ella —en su tono había necesidad y cierto temor. Los guardias no dudaron en ir a buscarla rápidamente mientras el mensajero se dejaba caer. Esperaron pacientemente hasta que la shugenja llegó, llevaba un kimono naranaja y amarillo, el pelo suelto e iba acompañada de un criado. El mensajero se puso en pie ignorando el dolor e hizo una gran reverencia mientra sostenía un pergamino enrollado en el aire, el resto de presentes se mantuvieron detrás, pero también hicieron una profunda reverencia. Sen leyó el mensaje y sus ojos se fueron abriendo cada vez más, cuando terminó respiró profundamente, rezó unas palabras rápidas y volvió a leer con más calma.
—¿Cuánto tiempo hace que partiste con este mensaje? ¿Qué sucedió? —preguntó al mensajero.
—Hace dos semanas, mi señora, debía haber llegado antes de la primera semana, pero unos bandidos me atacaron por el camino, me hirieron con una lanza, pero sabiendo la importancia de mi mensaje encontré fuerzas para correr, suponiendo que querían mi dinero lancé todo cuanto llevaba al suelo, apenas un bu y seis zeni, todos ellos se pararon a recogerlo y los perdí de vista tras la espesura, pero seguí oyendo sus voces, así que escondí el mensaje en el hueco de un árbol y en un lago cercano me cubrí de fango y esperé hasta que se fueron. Tras unas horas pude partir de nuevo y llegué a un poblado, allí me ayudaron como pudieron y pasé tres días de fiebre, nada más dejar de delirar seguí el camino pero la pierna no me permitía avanzar, hace tres días encontré a este ronin quien entendió la importancia de mi mensaje y me ayudó.
Tras terminar su relato la shugenja parecía impresionada, ese hombre ni siquiera era un samurái y había mostrado más valor que muchos y el ronin parecía tener honor, algo raro en los de su ralea. No se encontraban personas así habitualmente.
—Acompañadme los dos —dijo antes de empezar a caminar —habéis prestado un servicio a mi clan y nos gusta recompensar los trabajos bien hechos. Recibiréis un pago por vuestros servicios y si es vuestro deseo me encargaré de que encontréis una ocupación fija dentro de la familia Agasha, recibiréis un estipendio anual así como hogar —llegaron al templo dedicado a Ebisu y ella se dirigió a su criado —encárgate de ellos y de preparar los enseres para el viaje, partiremos antes del medio día, aunque temo que llegaremos tarde. No olvides mi juego de te —volvió a hablar a los dos hombres —antes de despedirnos ¿Podría saber vuestros nombres?
—Toku Sanjiro, mi señora —se presentó primero el ronin.
—Kinji, señora, aunque siempre me han llamado Kin pensando que eso traería prosperidad —dijo el campesino.
—Un miembro del clan del Mono, esto es curioso, haré que indaguen sobre él —pensó mientras se despedía de ellos y entraba en el templo para contarle a su sensei las nuevas.
Sen se dispuso a partir hacia Toshi Rambo cuando otro mensajero llegó, la carta contenía indicaciones para reunirse con sus compañeros en Otosan Uchi. Las fortunas la habían ayudado en esa ocasión, de no haberse cruzado con el mensajero en ese momento habría perdido un valioso tiempo yendo a la capital.
Tres días después Sen llegó a las puertas de Otosan Uchi, no encontró ningún impedimento y se reunió con sus compañeros de gempukku.
—Sen-sama, benditos los ojos que te ven, es una doble bendición que te encuentres aquí ahora —dijo Mitsuhide— primero porque es un placer comprobar que estás bien y segundo porque solucionarás un problema que teníamos y llevábamos discutiendo dos días.
—Espera un poco, Mitsuhide-san —dijo Fugu— apenas ha llegado y ya esperas que se resuelva todo, deja que se siente y la pongamos al día de lo que ha sucedido con calma. Yo también te doy la bienvenida, Sen-sama.
—Es una alegría que nuestros caminos vuelvan a cruzarse y será un placer compartir camino contigo de nuevo y tener en nuestra compañía una mujer más — dijo Emi, como Matsu apreciaba la compañía femenina más que la del sexo débil —vamos a tomar un te mientras tú le cuentas nuestra aventura, eres el mejor narrador entre nosotros ¿verdad, escorpión? —se dirigió a Mitsuhide con sarcasmo, harta de la lengua viperina del clan al que pertenecía.
Shotaro, haciendo gala de los modales de los cangrejo aparto los ojos de su bol de arroz y levanto una mano mientras gruñía un saludo y siguió comiendo.
Contaron a Sen toda su aventura, ella disfrutaba cada detalla de la narración, aunque fuese una poderosa shugenja había seguido también el camino de la espada y en cierta forma envidiaba a los bushi que podían marcar una diferencia por ellos mismos, sin la ayuda de los kami. Por supuesto no lo diría jamás en voz alta ni abandonaría lo que es para ser otra cosa si tuviese la oportunidad de elegir, pero aquellas aventuras le parecían asombrosas. Sin embargo cuando llegaron al final de la historia y le explicaron que habían encontrado las pertenencias del mismo Shiba su boca estaba abierta. El mismo kami que creó su clan los había conducido hasta sus pertenencias y ahora ella se encontraba allí, parecía todo demasiada casualidad, al acabar de oír el relato no sabía por dónde empezar a preguntar.
—¿Podría hablar con ese shugenja? —llegó a decir finalmente.
El viejo shugenja se encontraba sentado en un templo medio reconstruido cuando Sen entró, fue a solas debido a que prefería hablar de esos temas en privado y que el resto no estaban realmente interesados en cosas de shugenjas que de todas formas no comprendían. El shugenja Yotsu dejó sus rezos y se levantó.
—Saludos, samurái, había oído de vuestra llegada, esperaba que vinierais a visitarme pronto.
—Saludos, mis compañeros me han contado una historia acerca de la aventura que vivieron hace unos días y el final ha sido realmente sorprendente, creo que vos sois quien más puede decirme acerca de eso.
—¡Ay!, qué bella es la juventud, veo en vuestros ojos que deseáis partir ahora mismo y recuperar los objetos de los que os han hablado. Efectivamente, encontraron el wakizashi de Shiba junto a su kimono y unos pergaminos, eso es un tesoro del clan Fénix, no lo dudo, pero temo que no podéis hacer nada en este momento para recuperarlos.
Las palabras del anciano dejaron a Sen muy afectada.
—¿Cómo que no? Has dicho que son un tesoro del clan Fénix ¡Claro que debo recuperarlos! —dijo sin poder contener la indignación y la angustia en su voz.
—Temo que no es posible, aunque seáis una shugenja del clan Fénix. Esos artefactos son poderoso, mucho más de lo que yo puedo manejar, sin duda un shugenja Fénix es necesario para llegar a ellos, pero mientras yo guarde la puerta no permitiré que vayáis tal y como sois ahora. No es el momento.
—Pero he llegado justo a tiempo, los kami han sido quienes me han conducido hasta aquí en este instante.
—Quizás sí, pero también os han conducido hasta mí, creedme, llevo mucho años en esto, si tocáis el wakizashi ahora, será el fin. La siguiente vez que nos veamos realizaremos un taryu-jiai, un duelo mágico, si me vences estarás preparada.
—Pero... —iba a protestar pero Sen era consciente del camino que le quedaba por recorrer y de lo mucho que la aventajaba aquel hombre, en esos momentos no podía vencerlo y sus palabras parecían acertadas, pero le quemaba el alma saber que tenía tales tesoros ancestrales de su clan tan cerca y no podía recuperarlos.
—No os preocupéis, como habéis dicho os han guiado hasta aquí, sin duda sois la elegida para recuperar las posesiones del kami Shiba, solo que no es el momento. Además, es posible que no pudierais entrar, un kami selló la sala donde se encuentran, además de a mí debéis convencer a ese kami, vencerme creo que le servirá como prueba.
—Gracias por su tiempo y sus palabras, en nuestro siguiente encuentro estaré preparada —en sus palabras se notaba la frustración— ahora me despido, acabo de llegar pero debemos volver a informar de esto.
—Parece que va a llover esta tarde, sugiero que os quedéis hasta mañana, cabalgar bajo la lluvia no es bueno ni para el jinete ni para el caballo y así os podréis bañar y comer apropiadamente.
Sen lo pensó durante un momento.
—Así lo haré, gracias de nuevo.
Se apresuraban en el camino debido a que el tiempo amenazaba lluvia, no obstante ninguno era experto en equitación y aquellos caballos del clan Unicornio eran difíciles de manejar, pasaron varias jornadas al trote dejando atrás pueblos si podían avanzar un poco más pese a saber que pasarían la noche al raso, cada noche Sen realizaba para todos la ceremonia del té, extendiendo una esterilla de bambú fino entretejido y usando un juego de té que maravillaba la vista, cada taza representaba una flor de cerezo y todas tenían diferentes formas y colores, la jarra imitaba la forma de un cerezo, la cuchara parecía una rama que salía del árbol y todos los elementos necesarios para la ceremonia se combinaban en un mosaico difícilmente distinguible de una escultura que recreaba las formas más perfectas de la naturaleza.
Tras la ceremonia cada uno dedicaba un momento a realizar las tareas que ayudaban a centrar su mente: Emi rezaba a los ancestros y cuidaba su no-dachi, Mitsuhide se enfrascaba en la caligrafía o el go, Fugu y Shotaro se relajaban bebiendo sochu y Sen tocaba el koto.
Pasado el mediodía se vieron aparecer una silueta en el horizonte que iba en dirección a ellos, siguieron avanzando sin preocuparse hasta llegar a la altura de una persona envuelta en una capa y con la cabeza cubierta, iba a pie y ellos a caballo, pero no se apartó, los samuráis, no queriendo perder tiempo, pasaron por su lado, entonces empezó a reír, cuando se giraron los señalaba y con una voz inhumana y chirriante les dijo:
—Malditos seáis, no completaréis vuestra tarea, no alcanzaréis a ver el sol de mañana.
Dicho esto miles de insectos empezaron a salir volando de debajo de la capa hasta que esta cayó al suelo.
El encuentro los dejó intranquilos, todos imaginaban qué era eso pero ninguno quería estaba seguro, Sen invocó a los kamis para obtener una respuesta, pero se sorprendió y preocupó al notar que estaban ausentes. Siguieron el camino hasta donde pudieron y un poco más y pasaron la noche, esta vez sin rituales, dos hacían guardia y el resto dormía. Por la mañana creyeron entender qué había querido decir la forma misteriosa, una densa niebla los rodeaba, eran incapaces de ver más allá de cuatro metros, Fugu pareció preocupado en ese momento, el samurái Cangrejo que siempre estaba alegre parecía saber qué sucedía.
—He visto esto en la muralla, días con niebla que esconde criaturas aborrecibles, muchos samuráis han encontrado su fin al perder el camino y dar vueltas, debemos seguir, no sabemos por dónde podemos salir, por fortuna el camino hará que no rodeemos siempre el mismo lugar y si las fortunas quieren no encontraremos ninguna criatura.
Todos asintieron y empezaron a avanzar, los más diestros en equitación subieron a su caballo, el resto siguió a pie, temían un ataque que pudiera asustar al animal y los derribase de su montura dificultando más su situación.
Pasaron horas caminando con cuidado, prestando atención al más mínimo sonido que pudiera alertarles, pero no sucedió nada, hasta que llegaron a una aldea, al entrar en la linde la niebla los abandonó, pero al otro extremo del pueblo era visible como una pared blanca, estaban en un punto sin niebla, lo que parecía ser una trampa. Al entrar no había nadie, pero podían ver que estaban escondidos en sus casas y los observaban. Mitsuhide se adelantó hasta el centro del pueblo y grito:
—¡Salid ahora mismo!
El samurái Escorpión no toleraba que unos campesinos les faltasen al respeto ni en aquella situación. No tardaron en salir los primeros hombres, quien habló fue Emi:
—¿Qué ha sucedido? ¿Os han atacado?
—Llevamos tres días rodeados por esta niebla, el primer día pensamos que no sería nada, pero quienes entraron en ella no volvieron o lo hicieron como muertos en vida —el campesino señaló un montón de cenizas dando a entender que se habían ocupado de los cuerpos de los que volvieron.
—¿No ha venido nadie a ayudaros?
—No hemos visto a nadie, son los primeros que llegan, hagan algo, se lo ruego.
—Volved a casa, lo solucionaremos.
Buscaron la casa que parecía más recia de la aldea y dejaron allí al niño que llevaba Sen y a los criados, después salieron para ir a investigar, pero al salir de la casa se encontraron con un hombre que los esperaba. Vestía un kimono negro y un obi verde, no portaba ningún arma a la vista su cara era pálida y contrastaba con el color completamente negro de su pelo que llevaba en un moño. Cuando hablo su voz les recordó la del encuentro del día anterior:
—Habéis llegado, por fin he podido completar todo para vosotros, no quiero demasiado, solo que muráis —cuando terminó de hablar saco un cuchillo, se hizo un corte en un brazo y empezó a recitar palabras en un idioma que no conocían. Sen se alarmó ante la visión y solo dijo una palabra.
—Maho.
Todos había oído hablar de la magia de sangre, el poder corrupto extraído directamente del jigoku, magia corrupta, usarla llevaba a la locura e iba en contra de los kamis.
Los samuráis empuñaron sus armas dispuestos a atacar, Fugu disparó una flecha mientras Emi y Shotaro avanzaban para derribarlo y Mitsuhide se colocó delante de Sen mientras ella recitaba un conjuro. Sin embargo el maho-tsukai que tenían en frente no los detuvo, recibió todos los golpes riendo, incluso cuando la espada de Emi lo decapitó su risa no paró entremezclada con palabras crípticas:
—¡Ahora conoceréis el terror!
Su cabeza toco el suelo en llamas y su cuerpo también empezó a arder a causa de poderes desconocidos, ninguno entendía qué había sucedido pero sentían que algo no estaba bien y todos sus sentidos estaban alerta, no podía ser tan fácil. El humo de la combustión del maho-tsukai empezó a arremolinarse y mostrar una forma gigantesca, unos segundos después el humo se tornó sólido y ante ellos vieron un ser de unos cinco metros de alto, con dientes enormes y brazos desproporcionadamente largos terminados en garras, con la piel roja y dos cuernos negros en la cabeza. Sen lo reconoció como Chi no Oni, una criatura de las tierras sombrías que había dado muerte a un gran número de samuráis con gran crueldad, se trataba de uno de los oni más terribles que se conocían y ahora estaba allí con ellos, a poca distancia de la capital.
Ante su presencia todos sintieron un terror primitivo, el tipo de miedo que la presa siente ante el depredador, un sudor frío cubrió sus cuerpos y la razón quedó nublada, sus cuerpos estaban paralizados y ni siquiera podían huir. La criatura agitó un brazo y una casa cayó mientras se reía y observaba el miedo en el rostro de los samuráis. Sin embargo Emi se mantuvo serena y eso lo desconcertó, rugió hacia ella, pero no la intimidó, ella desenvainó y soltó la vaina, corrió hacia él con su no-dachi en un lado, Chi no Oni la atacó con ambos brazos, pero ella lo esquivó fácilmente, la criatura se recompuso y volvió a atacar, pero nuevamente esquivó sus ataques, pero aprovechó para subir a su brazo y correr por él, en dos pasos alcanzó la cabeza de la bestia que se vio sorprendida, la miró a los ojos directamente y algo pareció asustar al Oni, entonces de un único tajo separó cabeza y cuerpo y aprovechando la caída cortó nuevamente desde el hombro a la cadera, aterrizó en el suelo indemne y justo en ese momento la vaina tocó el suelo. Todos estaban impresionados con lo que acababan de ver y a punto de empezar a celebrar esta victoria cuando un dedo de color rojo salió del estómago de Emi. Incluso en la muerte la criatura se las había apañado para causar daño y la herida que recibió fue mortal. Cayó al suelo de rodillas y todos corrieron a socorrerla, sabían que una herida como esa no podía sanarse, pero no podían dejar de intentarlo, no obstante cuando estaban con ella, cuando veían cómo intentaba pronunciar unas palabras que no llegaban a salir de su boca, mientras estrechaban su mano, desapareció. Y entonces los cegaron los rayos del sol, la niebla también había desaparecido.
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